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El acné es una enfermedad de la piel caracterizada por una inflamación crónica de las glándulas sebáceas, especialmente en la cara y en la espalda. Los poros de la piel se tapan, inflaman y, a veces, infectan. Dichos poros tapados pueden transformarse en puntos negros, barros (cada uno de los granillos de color rojizo que salen en el rostro, particularmente a los que empiezan a tener barba) o granos. En los casos más severos, se pueden formar forúnculos y abscesos deformantes que pueden resultar en cicatrices si se exprimen los granos. El acné tiende a aparecer por primera vez en la adolescencia, aunque también puede manifestarse en adultos.
La secreción sebácea o grasa de la piel producida por las glándulas sebáceas en los folículos, sirve para lubricar la piel. Si el conducto de esta glándula que llega hasta la piel está tapado, el resultado puede traducirse en granos o acné.
El acné empeora durante el invierno y mejora en verano, probablemente debido al efecto beneficioso del sol. La dieta presenta escasa o nula influencia sobre el acné; no obstante, algunas personas son sensibles a ciertos alimentos. Asimismo, el acné también puede aparecer con cada ciclo menstrual en las mujeres jóvenes y puede desaparecer o empeorar notablemente durante el embarazo. El uso de anticonceptivos y el estrés agravan también el acné.
Si bien no se sabe la causa, se cree que el acné se debe al incremento de hormonas masculinas (andrógenos) que estimulan las glándulas sebáceas y a la presencia de bacterias en la piel Algunos cosméticos estimulan el acné, especialmente si son grasos. Medicamentos para prevenir la epilepsia, las píldoras anticonceptivas y esteroides también aumentan el acné.
El acné se produce al obstruirse los poros de la piel debido a la grasa y las células muertas acumuladas, lo que ocasiona el abultamiento del folículo, causando puntos blancos, y pudiendo oscurecerse la parte superior de la obstrucción, causando puntos negros.